Hay unos momentos cada día en que mi mente se abstrae en sus pensamientos, en sus diálogos imaginados, en que ella misma interpreta las preguntas y las respuestas. En que los sentimientos se me agolpan, y me martillean. Esos momentos son cuando me desplazo en moto realizando los mismos rutinarios trayectos como de casa al trabajo y viceversa. Ella se abstrae, y la impericia me conduce.
Una vez sentidos, vividos, esos pensamientos en mi imaginación, cuando quitaba la llave del contacto morían… ya no los recuperaba, no hacia el esfuerzo de recordarlos. Pero esto se ha acabado.
Si ves a un motorista, que habla solo, no mal pienses… simplemente me he agenciado una grabadora y dicto en ella todo lo que mi imaginación me evoca.
Luego veremos que hago con ello, aunque de momento no he hecho demasiado el remolón y algunas cosas ya las he plasmado en este blog.